La cultura, enfocada desde un nivel local, tiene el potencial de revitalizar los ámbitos de convivencia comunitaria y solidaria, es decir, contribuye a un objetivo de integración social relevando la identidad local, pero además, por la valoración de la diversidad como eje de lo propiamente cultural, la cultura y el arte ofrecen un modo de “pedagogía democrática”, en tanto socializan y difunden el diálogo y las relaciones no instrumentales. Si coincidimos en que la cultura es un ámbito privilegiado para la transmisión de valores democráticos, no resulta inapropiado pensar que la democracia necesita del desarrollo cultural para su preservación y enriquecimiento, de lo que surge un círculo virtuoso, en el que el desarrollo democrático reafirma la importancia de la cultura para el progreso de la población.
Andrés García-Albarido Güedes es sociólogo e integra el Departamento de Estudios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
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