Las redes de cultura deben dar un paso decidido hacia la colaboración y la participación digital como elemento de refuerzo, como efecto multiplicador a partir de las tecnologías. Nuevos modelos de colaboración que rebasen las barreras del espacio y del tiempo.
Sin embargo, ¿qué es lo que impide dar ese paso hacia la tecnoparticipación? Posiblemente estemos asistiendo a un momento en el que la generación que maneja los hilos de estas redes, que participa en ellas, que las compone, sea una generación marcada por un nuevo analfabetismo, el tecnológico. Un analfabetismo funcional, es decir sí comprende pero no sabe dar uso.
Trabajar en Internet, no con Internet. Esa es la diferencia básica. Y comprender que estamos ante nuevos espacios de relación. Solo eso, nuevos espacios. Que requieren de una disciplina y de una educación, de unos parámetros de comportamiento relacional similares a los analógicos, pero que nos abren unas posibilidades infinitas de enriquecimiento intelectual.
La colaboración fundamentada sobre el conocimiento más que sobre el proyecto.
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