La cultura, como materia de acción del aparato público en América Latina, ha vivido profundas transformaciones en los últimos veinticinco años. Fue precisamente en la década de los setenta cuando los Estados Nacionales profundizaron su intención de encaminar la política cultural como elemento integrador del desarrollo, amparado al fomento de las identidades nacionales, de las artes y la protección del patrimonio cultural. Este modelo anterior, inicia su período de declive en la década de los ochenta con la transformación acelerada de los Estados de la región, promoviéndose desde entonces la disminución del sector público de los gobiernos nacionales, y la promoción del libre mercado como herramienta para insertar a nuestros países en el vertiginoso mundo de la economía globalizada. Estas transformaciones produjeron un debilitamiento continuo de los Ministerios de Cultura regionales, mermándose así su capacidad de reacción ante los cambios del sector y las demandas cada vez más diferenciadas de la ciudadanía. Es precisamente dentro de este marco que vemos surgir la necesidad -por parte de los gobiernos locales- de crear estrategias de desarrollo cultural en el marco de la administración de los intereses de los vecinos de nuestras ciudades, a fin de establecer los servicios culturales requeridos por la ciudadanía. Desde esta perspectiva, la gestación de las políticas culturales locales ha dado la posibilidad de diseñar estrategias de acción directamente inmersas en la realidad de vida de la ciudadanía, dado que es desde el diagnóstico de las necesidades locales y comunales que surgen los servicios culturales, siendo además éste un espacio idóneo para que se genere la participación ciudadana.
Las necesidades del desarrollo cultural local ha conducido a los gobiernos locales a la búsqueda de la cooperación internacional, como una manera de conocer experiencias de gestión municipal, así como para la estructuración de alianzas que faciliten e impulsen el desempeño particular de cada ciudad. Esta labor resulta extraordinariamente interesante, dado lo nuevo del campo, lo cual nos confirma que éste es un trabajo que apenas inicia su recorrido e institucionalización. Dentro de este marco es donde se evidencia la importancia estratégica que reviste la Red INTERLOCAL, dado que la misma constituye un espacio permanente para el contacto, la negociación y la socialización de experiencias de gestión cultural local para todos los gobiernos locales que libremente y de forma gratuita la conforman. La existencia de este foro, transforma en una realidad los deseos de comunicación e información que los gestores culturales municipales posean a escala internacional, a la vez que facilita el establecimiento de vínculos institucionales de los gobiernos locales participantes a diversos niveles y áreas de acción del quehacer municipal. Por lo anterior es que resulta personalmente muy gratificante testificar la realización del III Foro de la Red INTERLOCAL en nuestra Ciudad de Escazú – Costa Rica, dado que esta labor nos permite confirmar una vez más la permanencia y vigencia de los estipulados iniciales que dieron vida a esta Red, y que en la actualidad se mantienen y robustecen.
Siendo el trabajo de INTERLOCAL una labor pionera en el campo, se establecen retos importantes para su futuro que debemos puntualizar a fin de definir las labores futuras de acción. Primero que todo, tenemos el hecho de que INTERLOCAL se maneja en la escena internacional dentro de un marco de relaciones en las cuales la representación de los entes compuestos por Estados Nacionales poseen una relevancia insoslayable, con poca participación de las organizaciones internacionales de gobiernos locales. Debido a esta situación, es que el respaldo proactivo a la Agenda XXI de la Cultura por parte de INTERLOCAL es fundamental para los años venideros, dado que sólo trabajando en la consolidación del espacio internacional para la cooperación descentralizada se podrán establecer los mecanismos necesarios para el desempeño fluido de la cooperación cultural internacional de los gobiernos locales.
En segundo lugar, está claro que los gestores culturales municipales carecen de destrezas teóricas y metodológicas en el campo de la cooperación y la diplomacia internacional; se evidencia que los gestores han llegado a este campo más por necesidad que por formación profesional. A raíz de esta situación, los miembros de la Red deben crear los mecanismos de formación necesarios en estos campos, a fin de crear el capital humano y el conocimiento necesario que habilite la conformación de alianzas bilaterales y multilaterales razonadas y estudiadas.
En tercer lugar, tenemos el problema de la disparidad económica existente entre las diversas ciudades que conforman la Red, se cuenta desde ciudades con niveles de ingreso sumamente bajos con amplias dolencias de pobreza y exclusión social, hasta urbes complejas con altos niveles de desarrollo económico y de bienestar social comparado. Sin duda alguna, estas diferencias se hacen más patentes en el ámbito de las relaciones locales internacionales que en la escena de las vinculaciones que plantean los Estados Nacionales entre sí, dado que estos últimos poseen el reconocimiento legítimo internacional, además que cuentan con mayores fondos presupuestarios. Estas disparidades deben ser ventiladas y analizadas a fin de crear estrategias que faciliten la nivelación en el carácter de las relaciones que se plantearán en el futuro de la Red INTERLOCAL. Finalmente, resulta importante señalar que la propuesta de INTERLOCAL de ninguna manera desvalida o anula la importancia que poseen los Estados Nacionales en el fomento de las políticas culturales y de la cooperación cultural internacional. El papel de los gobiernos nacionales en el desarrollo cultural local es crucial, y es por esta razón que debemos plantear los mecanismos de apoyo y diálogo constante con nuestros respectivos gobiernos a fin de establecer las estrategias más idóneas para el mejoramiento del desempeño cultural, tanto municipal como nacional y regional. Este diálogo debe realizarse de forma democrática, con la consideración y el respeto que merecen los gobiernos locales y en la búsqueda de la consonancia con las prioridades de desarrollo nacional que planteen los gobiernos centrales. Los retos a futuro son amplios, pero igual son las oportunidades que se nos abren para la cooperación cultural descentralizada, ocupando dentro de este ámbito INTERLOCAL un espacio fundamental en la gran región Iberoamericana.
Freddy Mauricio Montero Mora
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