La capacidad para producir información y elaborar la cultura se difumina a través de la red. Con el universo digital surge el usuario creador, capaz de participar en la construcción de la cultura, y tras él, con la reunión de miles de esfuerzos individuales emerge la creatividad colectiva que subvierten completamente la organización establecida de la cultura. Puede que la cultura esté hecha con el tejido del espíritu, pero su sustrato es de lo más mundano: papel, lienzo, cintas magnéticas… el tejido material de la cultura es su encarnación humana. Las posibilidades de los Hombres para hacer y deshacer la cultura, para participar en ella, crearla y difundirla, estas posibilidades han dependido siempre del tejido material que sustenta a la cultura y que en cada época habilita nuevos mundos y olvida en su desarrollo otros (de la cultura oral a la escrita, de la amanuense a la impresa, de la textual a la audiovisual, de la analógica a la digital…)
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