En primer lugar, deseamos saludar la iniciativa de reunirnos en torno al análisis de la relación, cada vez más estrecha, entre "Cultura, gobierno local y construcción de ciudadanía" desde la óptica propuesta en sus tres vertientes: Cultura y desarrollo urbano, Cultura y desarrollo económico y Cultura y cohesión social. Trataremos entonces de aportar nuestra experiencia, desde esta última perspectiva. El rol determinante de lo local Frente a la vigencia dominante de tendencias económicas que acentúan las profundas desigualdades de la sociedad, uno de los grandes desafíos actuales es impulsar el crecimiento y el desarrollo social desde el ámbito local. Los mercados capitalitas globales promueven un consumismo exacerbado que ofrece su contracara en los movimientos migratorios impulsados por la pobreza y las guerras. Sin embargo, no todo lo global tiene arraigo a escala local. Advertimos la creciente incidencia de lo local como marco privilegiado de desarrollo de las actividades económicas, sociales y culturales; así como la síntesis de los encuentros y desencuentros ciudadanos; de sus inquietudes y propuestas, sus frustraciones y desafíos. Es por todo ello que el rol de "lo local" cobra una singular jerarquía como conciliación de lo universal y lo particular, en la cercanía del territorio. Seguramente coincidamos en la urgencia de repensar las nociones de ciudadano y ciudadanía. El trabajo de SaludArte apunta a desarrollar la capacidad de distintos actores sociales para ejercer plenamente su ciudadanía e influir en las políticas públicas. Valoramos al arte y a las más diversas formas de manifestación cultural como medios privilegiados de lo que los teóricos modernos han sintetizado en "construir ciudad, construyendo ciudadanía". Si el siglo XIX protagonizó el salto de la humanidad abandonando la concepción del individuo “habitante” o “contribuyente”, nuestro tiempo está llamado a instalar definitivamente la noción ética de "ciudadano", sujeto de derechos individuales, civiles y comunitarios. Si acudimos a esta convocatoria, es porque deseábamos sumar la voz y la experiencia de SaludArte a una mirada comprometida con la construcción de una ciudadanía plena, así entendida. Nuestra experiencia artístico-cultural inserta en el ámbito de lo público y lo comunitario se ha orientado a producir nuevos imaginarios, como estrategia de diálogo participativo y de creación colectiva. De esta forma hemos promovido una cultura de la salud y los derechos humanos a partir del encuentro humano, entendido como forma de construcción y fortalecimiento de la ciudadanía.
Hacia una nueva noción de participación ciudadana
Se nos hace difícil desde SaludArte narrar episodios aislados de estímulo a la participación ciudadana, porque todas nuestras actividades se inspiran en ella. En esa concepción se fundan sus pilares. Es el involucramiento de la gente el insumo insustituible de nuestra labor, a lo cual se suma el trabajo generoso de nuestros voluntarios, la dinámica de nuestras propuestas artísticas y la devolución de la comunidad; sabia de la cual se nutre nuestra usina de futuros proyectos. Como ustedes, concebimos nuestra ciudad contemporánea como un espacio de intereses, en ocasiones contrapuestos, que demanda de las intervenciones urbanas un papel cada vez más protagónico, a la hora de combatir la fragmentación instalada en nuestras realidades latinoamericanas. Desde esa certeza defendemos el arte y la cultura como agentes integradores por excelencia. Pero intentemos no tentarnos por cantos de sirena. Trabajar desde la convicción del compromiso y la participación ciudadana es el camino que elegimos, pero no está exento de dificultades. Con el deliberado propósito de ser provocadora introduciré un par de discusiones a las cuales asisten hoy la academia y la institucionalidad pública intelectualmente honesta.
¿Los diseños públicos incluyen o reeditan exclusiones?
En primer lugar, introduciré en este ámbito el debate actual acerca de los fines buscados y los efectivamente obtenidos por las políticas públicas, pensadas y diseñadas para involucrar al ciudadano en la gestión de su espacio urbano, entendido en sus más diversas lecturas. Esta batería de medidas: ¿está logrando hoy el propósito que la inspira? ¿la pretendida integración ciudadana sobreviene? ¿hemos logrado abatir o disminuir la brecha que distingue al ciudadano integrado con el poblador? Una mirada medianamente crítica podría advertirnos que la participación está hoy interpelada fundamentalmente por las siguientes inquietudes. La primera es un corte de clase: no sólo participan quienes pueden, sino además quienes lo necesitan. Me refiero a que para lograr ciertos bienes una persona de bajos recursos "debe" participar mientras otra lo obtiene como mero adjetivo a su origen socio-económico. Esto es, en sí mismo, injusto y necesita ser cuestionado. Dicho en otros términos: la participación no debería ser un castigo para los pobres y una regalía para los ricos. Asumamos que esto es una caricatura, pero ayuda a pensar… La segunda inquietud que sobreviene a renglón seguido es hasta dónde los mecanismos a que apela la institucionalidad -el Estado, las organizaciones formales- a la hora de convocar a la participación de la ciudadanía, son canales genuinos, o en cambio podrían ser leídos como un anzuelo inteligente para obtener la “participación de otros” para legitimar a quienes escriben sobre ellos y/o toman decisiones por ellos. En otras palabras ¿se consigue un efectivo empoderamiento de la ciudadanía o “se hace como que” eso ocurre para ocultar la incapacidad de incluir horizontes que excedan al grupo primario de referencia.
Vino nuevo en odres viejos
Si coincidimos al menos en estas dudas, podremos concluir casi linealmente, que las formas tradicionales de participación están duramente cuestionadas en sus raíces y su vigencia. Un breve repaso de las instituciones formales nos demuestra cuán agotado está el modelo del discurso dominante, qué lejos está de la gente, de sus vidas, de sus historias, de su cotidianeidad. Las propuestas que brindan las organizaciones formales, como una vieja receta sin revisar, a menudo se sustentan en la inercia y en la tradicionalización de las políticas públicas. No creo en “el fin de la historia”, pero sí en las premisas de su teoría. Las instituciones tradicionales están interpeladas hasta cimbrar. Los partidos políticos, sin distingo de tendencias; los sindicatos, la Iglesia ya no convoca ni enamora como en otros tiempos. La familia ha debido mutar hondamente para asimilar, a tropezones, los tiempos modernos. Queremos compartir con ustedes nuestra convicción de la imperiosa y urgente necesidad de reinventar los “cómo”. Si debiéramos escoger por donde empezar, propondríamos subvertir la verticalidad de las políticas. Es decir, abandonar el modelo ortodoxo de diseñar estrategias de cohesión social desde las cúpulas; trascender el atalaya de la intelectualidad para contribuir en procesos de auto-organización y participación popular. Dicho en otras palabras: diseñar desde las cúpulas la inclusión ciudadana es, en si mismo, falaz. Desde esa búsqueda nace SaludArte. Ese es el camino que elegimos recorrer, el de las vías alternativas de canalización de la participación ciudadana. Es allí donde el arte y la cultura cobran una dimensión estratégica para la convivencia social. A través del teatro espontáneo, los títeres, las técnicas de payasos, el teatro invisible, la narración oral, la musicoterapia, la danza espontánea, las artes plásticas, la escritura, el cinedrama, el teatro del oprimido, el sociodrama y otros lenguajes artísticos, hemos generado una gran variedad de acciones e iniciativas de participación ciudadana en procesos tendientes a promover la salud integral y la calidad de vida de toda la población.
Trascender la conciencia del problema
Participamos de la decidida convicción de que debemos trascender la “preocupación por”. Las sociedades democráticas contemporáneas han incorporado -al menos en su retórica oficial- la compleja problemática del involucramiento, el compromiso y el empoderamiento de los individuos que las habitan. Pero entiendo que nuestro rol es contribuir a dar un salto cualitativo que facilite, capitalice esta toma de conciencia y la trascienda. Esa será la segunda inflexión: sencillamente cuando no sea “un tema”; cuando estos espacios no sean tan necesarios; cuando ya no tomemos nota de las acciones y las omisiones; cuando el compromiso de la gente con su vida civil y ciudadana haya entrado -como los árboles, o como nuestra esquina- en el orden natural de nuestra vida. Para ello debemos empezar por desalambrar las fronteras entre las diversas disciplinas, las infinitas propuestas del mundo cultural, superar las distancias aparentes; para advertir así su natural complementariedad, sin desconocer especificidades. El trabajo cotidiano de SaludArte trasciende estos círculos decimonónicos y se encamina hacia una gestión cultural integral e integradora de lo público y lo privado, lo regional y lo local, integración sin la cual nos alejaríamos de la oportunidad de construir una sociedad renovada en sus valores, promotora y facilitadota de la participación protagónica. Es allí donde la dimensión local del arte y la cultura devienen el escenario natural de la instrumentación de cambios reales y sustentables; así como la plataforma desde la cual construir una simbología alternativa para todas las personas. En ese marco, la capacidad de promover instancias como ésta, establecer redes de actores en el territorio e involucrar al ciudadano con su realidad; constituye para nosotros, artistas, profesionales de la salud y agentes culturales, una labor cotidiana, prioritaria e irrenunciable.
La cultura como la entendemos hoy
Partiendo de una noción de "cultura" contemporizadora de las diferentes elaboraciones teóricas, podremos acordar sin esfuerzos ni renuncias conceptuales a que esta elaboración académica asiste hoy a una reformulación que toma al ciudadano como protagonista y abandona el rol tradicional limitado al espectador. Esta evolución, creemos que sólo podrá completarse cuando además de evolucionar del "objeto" al "sujeto" se haga cargo de las asimetrías de nuestras realidades sociales y de verdadera cuenta de la transversalidad del mundo de la cultura, tantas veces circunscrito o directamente relegado a un papel decorativo o accesorio. En esa tarea debemos redoblar nuestro esfuerzo: en la de fortalecer las voces comunitarias a través de un arte colectivo y participativo. Impulsar y apoyar a nuestros vecinos y conciudadanos para dar seguimiento a las políticas públicas que nos rigen a través de los mecanismos de participación en la toma de decisiones de nuestros diversos entornos sociales. Es en la relación que establecemos con la gente y en el proceso de participación comunitaria que se justifica la razón de ser de nuestras acciones artísticas. Esta desagregación que ensayamos a los solos efectos analíticos, tiene en el espacio de lo urbano, el escenario de mayor inmediatez para conjugarse. Por esta razón caminar hacia una nueva concepción del rol de la cultura y el arte en nuestra sociedad contemporánea, nos compromete desde las más diversas escenas cotidianas; renovando el desafío que nos cabe a quienes hemos acudido a esta cita.
El ojo de la cerradura
Al comienzo de esta exposición compartía con ustedes lo difícil que nos resultaba trasladarles nuestro marco teórico, sin remitirnos a nuestra práctica en los hechos, por muchas razones, pero principalmente porque tengo la certeza que acercarlos a la experiencia diaria de SaludArte, podré ilustrarlos sensiblemente mejor que con cualquier elaboración teórica que pueda ensayar. Mentando al poeta que advertía “pinta tu aldea y pintarás el mundo”, me permito acercarles un par de experiencias llevadas adelante por nuestra fundación, que dan cuenta de lo que hemos intentado trasladarles hasta aquí. El primero de estos relatos que hemos querido que conozcan es un sociodrama público que tuvo lugar en noviembre de 2002. Para evocarlo con justicia compartiré con ustedes la crónica que de esta maravillosa instancia hiciera la fundadora y directora de SaludArte, la psicóloga Rasia Friedler: Un reguero de alegría I Sociodrama Público y Simultáneo de América Latina. Escenas de los pueblos. Mucha gente paseaba entre los árboles de copas florecidas a las cinco de la tarde del 12 de octubre de 2002. Tras varios días lluviosos, el torrente de sol nos abrazó como una madre protectora. Los psicodramatistas y teatreros espontáneos habíamos tenido encuentros previos en el lugar, reconociendo cada uno de elementos naturales que luego formarían parte del escenario, moviéndonos entre ellos, tocándolos, imaginando escenas, compartiendo expectativas, armando el cartel del evento. Allá nomás podíamos divisar el mar y la arena. Ese rincón sería un buen sitio. Nos abrazamos, como quien acostumbra sacar fuerzas de la debilidad. Ya estábamos allí, jugados, y los pasos, muchos más de los que imaginamos, se fueron acercando. Los momentos se fueron hilando con precisión: se formaron subgrupos en torno a los distintos significados de la fecha, personas de las más diversas procedencias y edades intercambiaron ideas, historias, sensaciones, armaron estatuas y escenas que luego fueron retrabajadas por los teatreros espontáneos. Por último el cierre final de manos dadas y juegos de miradas con una gran escultura viva en el medio. Una característica común a todas esas creaciones colectivas fue que todas lograron trasmitir fuertes sensaciones, ideas e historias, más allá de las imágenes. Los protagonistas de las escenas montevideanas aludimos al dolor, reclamamos una ética vivida, no declarada. Apostamos a una revalorización de los vínculos afectivos y de una ciudadanía responsable frente a ese poderoso Mercado que desdibuja, fragmenta las identidades y el tejido social. Nuevas historias surgieron de una imagen muy simple, o de una palabra vertida al pasar. Una de las estatuas representó a un círculo de picaflores que con sus picos intentaban apagar el fuego que los acechaba amenazadoramente, hasta que lograron reducirlo. Fue armada a partir de un cuento de un picaflor que perseveraba en llevar gotas de agua para apagar un incendio, a contracorriente de las otras aves que pretendían mostrarle la inutilidad de su tarea. El picaflor, sin detenerse nunca en su tarea, respondía una y otra vez: "Sólo hago lo que puedo": la vindicación de cada gota en el desierto vertida sin grandilocuencia, como ética y como acción vital. Con el impulso del movimiento, de la proximidad física, de la propuesta sociodramática y su sincronicidad con las otras "Escenas de los pueblos" se desbloqueó la esperanza en el porvenir. Al menos no fue uno más de esos espacios dominados por expertos que hacen que la gente crea que nunca está suficientemente capacitada para actuar, o votar. Hacía tiempo que en Uruguay no se oía la palabra "pueblo", debilitada como categoría política y cultural. A 510 años de la llegada de los españoles a América, a 81 de la primera sesión oficial del psicodrama en el Komoedien Haus de Viena y menos de dos años del megapsicodrama de San Pablo, la experiencia uruguaya del Primer Sociodrama Público y Simultáneo de América Latina tuvo lugar en un espacio verde gozosamente redescubierto: el Parque Rodó, uno de los más populares de Montevideo que lleva el nombre del escritor uruguayo de fines del siglo XIX, que le dio vida al personaje de Ariel, portavoz del gran llamado a la juventud para la construcción libertaria de un destino hispanoamericano, cuyas palabras aún palpitan en el corazón de muchos uruguayos. Deseo expresar mi profundo agradecimiento a todos los participantes y organizadores por hacer que esta experiencia de libertad, entendida como aventura colectiva, vuelva a resultar posible. Dirección: Rasia Friedler, Pablo Haberkorn, Silvia Speranza y Alberto Lale. Con la participación de otros psicodramatistas y la Compañía de Teatro Espontáneo de SaludArte. En palabras de la gente La segunda historia que hemos traído para compartir con ustedes no busca ser un relato pretencioso, sino que hemos preferido acercarles, intactas, las reacciones espontáneas de nuestra gente consultada acerca de qué asociaba con "cultura ciudadana". SaludArte es una fundación sin fines de lucro que desarrolla diversas disciplinas artísticas orientadas hacia la salud en su noción más integral, trabajando desde el arte y el humor. Quizás por eso, cuando pensábamos esta presentación, sentíamos que éste no podía estar ausente, es más, quizás consiga, rallando en el absurdo, dejarles una noción de nuestra labor y nuestra mirada de la participación ciudadana, más elocuente que la síntesis que les proponíamos anteriormente. Este domingo 18 de noviembre al mediodía realizamos una actividad de Teatro Instantáneo en el Parque Rodó de Montevideo, en el marco del I Festival de Artes Sinérgicas e Improvisación Libre. El Teatro Instantáneo es una variante del Teatro Espontáneo basada en la improvisación teatral de escenas a partir de lo que cuenta la gente, mientras los actores, el conductor y el músico recorren el espacio público y dialogan con la gente que se encuentra allí en torno a un tema, en este caso fue “Cultura y Participación Ciudadana”. La referencia al lugar no es, en absoluto, menor. Una ciudad se estructura en torno a la calle, la plaza, los parques; un indicador relevante de la calidad de vida de las ciudades es la cantidad y la calidad de sus espacios públicos. La construcción de espacios comunitarios, no solo hace a la calidad de la democracia ciudadana, es requisito sin el cual la participación ciudadana se restringe, cuando no se invalida. La evolución doctrinaria hoy sitúa a los municipios y a los ámbitos locales a la vanguardia de las garantías en materia de estímulo y generación de condiciones de empoderamiento ciudadano y tutela de Derechos Humanos. Tanto es así que todos los gobiernos totalitarios contemporáneos han tomado entre sus primeras medidas liberticidas, la suspensión o eliminación de las autonomías o fueros comunales. La academia actualmente considera que uno de los índices más confiables para medir la democracia y el respeto a los derechos humanos se halla en el respeto a la participación y descentralización radicada en las comunas. Esta referencia la hacemos para dar cuenta de que la elección de este tipo de “escenarios” no es, en ningún caso, casual. Como no queremos tentarnos por la recurrente incoherencia de hablar de la participación desde el discurso magistral y distante, hemos preferido que esta vez el relato les llegue desde la propia voz de quienes fueron respondiendo a la pregunta por el significado de Cultura y Participación Ciudadana. "Respetar las normas de convivencia, menos las que no nos gustan, ja, ja", "no permitir que le echen a nuestros alimentos los agrotóxicos con feo gusto que están prohibidos en Europa", "respeto por los espacios públicos: no tirar porquerías en la calle, salvo que uno esté apurado", "para mi, no manejar ebrio ya es bastante", "ser solidario con los que necesitan; si uno se fija bien, siempre hay alguna cosita que le sobra, ¿ustedes no tendrán algo por ahí?", "¡¿cultura ciudadana?! ¡ya tenemos bastante con los impuestos!", "ni idea, debe ser algo de la ciudad", "esto que estamos haciendo ahora con ustedes", "pregúntele a mi esposo que él se ocupa de esas cosas".
Hacia la construcción conjunta de rumbos nuevos
Para finalizar esta presentación deseo, en nombre de SaludArte, agradecer muy especialmente la oportunidad que nos brindaron de sumar nuestra voz a este III Foro Interlocal sobre “Cultura y gobierno local: construir ciudadanía” y compartir nuestra experiencia transformadora a través de un rescate del poder expresivo y participativo de la población uruguaya. Por último quiero explicitar nuestro interés en contribuir al desarrollo de la Red Interlocal, subrayando la importancia del enfoque artístico-cultural en el proceso de construcción y desarrollo de la ciudadanía. SaludArte ha trazado, desde su origen, una línea de trabajo que privilegia decididamente la integración regional, buscando fortalecer los lazos bilaterales y multilaterales con la región, el continente y el mundo. Actualmente está impulsando la construcción de una Red Internacional de Arte y Salud, concebida como un espacio de intercambio, reflexión, desarrollo temático, capacitación, documentación y gestión de conocimiento para la comprensión y el abordaje integral de la salud. Expresamos nuestro interés en participar en las actividades de la Red Interlocal y en la articulación entre redes en la aspiración de aunar esfuerzos para la promoción y preservación de las culturas locales, de tal forma que permita lograr, en forma conjunta, una mayor incidencia en las políticas culturales locales. Asumir este desafío supone una visión de nuestras debilidades y fortalezas; pero por sobre todo implica sumar nuestras manos a la construcción de una sociedad diferente, dignificada en sus valores, comprometida con su tiempo, que nos contenga a todos y todas inclusivamente como ciudadanos del mundo.
2 comentarios 






